| Universitario
de Santa Fe se consagró campeón del
IV Regiones al vencer a Palermo Bajo de Córdoba
como local por 10 a 3, en un partido de paridades
máximas y defensas impecables. Los cuervos
acumularon su segundo título de la temporada,
luego de obtener al comienzo de la misma el Pelossi
que ellos mismo organizan. El único try del
partido lo apoyó el mejor jugador del campeón,
Germán Ignacio Millá.

SANTA FE (Especial, Federico Romagnoli). No es poca
cosa acumular los argumentos que te establecen como
el mejor del torneo y el certificado en forma de
campeonato que lo acredita. Universitario se consagra
campeón por el muy buen andar que tuvo en
su trayecto a la gloria, más allá
de los 80 minutos de esta tarde, en los que fue
superior a su adversario, pero en donde también
podría haberlo perdido.
La
de hoy fue una final acorde a lo que los pesimistas
esperan de ellas. Juego cerrado, cuidadoso, extremando
la concentración para no perder el bien más
preciado, la pelota, o en el caso de los cordobeses
para desprenderse de ella inteligentemente y plantar
como bandera de ataque a la presión defensiva.
A ese escenario habría que agregarle la intermitente
e insoportable garúa que nunca permitió
el desarrollo normal del partido, multiplicando
por decenas los errores de manejo.
Los
únicos dos que no se enteraron de la lluvia
y las complicaciones que esta acarreaba fueron Germán
Millá, en los santafesinos, y Martín
Maineri, en los de la Docta. En parte ellos eran
los únicos capaces de llevar algo de riesgo
a los ingoales, más allá de lo que
pudieran generar los fowards por el eje de las formaciones
espontáneas.
Justamente
Maineri fue el encargado de aportar un penal para
abrir el tanteador. Enseguida, y por la misma vía,
igualó Mariano Bianchi. Algunos minutos después
al capitán local, Juan Manuel Rivero, se
le escapó la pelota de las manos cuando ya
estaba encima del ingoal, luego de una muy bien
trabajada sucesión de picks a go.
Empatados
en 3 se fueron al descanso. Ese resultado permaneció
largo rato, reacio a cambiar. Tan así fue
que Mariano Bianchi y Maineri desperdiciaron tres
oportunidades de desnivelar con el pie (dos y una
respectivamente). Los ataques tampoco llegaban a
buen puerto, secundariamente por lo complicado que
resultaba su desarrollo bajo tales condiciones climáticas
y primordialmente por las dos muy buenas defensas
que lo impedían.
La
parda tenía pinta de querer extender el encuentro
hasta el alargue. Sin embargo, siempre hay una imprecisión
en la defensa más perfecta. El “flaco”
Millá la intuyó, casi podría
decirse que la olió, la anticipó con
esa cabeza que va un par de segundos delante del
resto. Vio la demora del apertura rival para despejar
con el pie en su zona de riesgo. Lo encimó
y le tapó el kick. El pique le jugó
a favor, lo dejó sólo y tranquilo
para apoyar donde a Uni mejor le sienta, en el rincón
de la muerte. Allí donde un numeroso grupo
de simpatizantes rugía ante la definitoria
conquista.
Luego
de la conversión efectiva de Bianchi se generó
el clima ideal para la última escena de la
película, esa que la muta de monótona
a emocionante. Esa dónde los cuervos deberían
estar en extrema defensa durante los interminables
minutos finales. Esa que se hizo rogar inútilmente.
Hubo una aproximación de Palermo Bajo, pero
fue tan efímera como inofensiva.
Los
instantes previos al epílogo justificaron
el festejo final. La solvencia defensiva había
sido una constante y no despareció cuando
más necesaria era. Contra eso nunca pudo
el subcampeón. Los nervios de fuera del rectángulo
verde se aplacaron hasta desaparecer definitivamente
con la ejecución al line del último
penal y el pitazo final del impecable Villalba.
Dirigentes,
hinchas, parientes, amigos y jugadores de otras
divisiones rodeando a los protagonistas. Mediando
entre ellos hubo cánticos, gritos y festejos.
Todos ellos ahogados por largo rato, ansiados y
merecidos. Un regalo a sus hinchas de un equipo
que demostró la madurez por la que se lo
interrogaba y no pierde de vista que su deber es
capitalizar este éxito, para lograr su más
esquivo y ansiado objetivo: meterse entre los cuatro
mejores de la región.
Recordemos
que este equipo campeón, superó ajustadamente
y en tiempo extra a San Patricio de Corrientes en
las semifinales por 26 a 24 cuando todo parecía
suponer que los correntinos eran los dueños
del pasaporte a la final.
De esta competencia originalmente para Clubes del
Litoral, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba,
conocido como Regional del Centro, el año
pasado con la incorporación de los clubes
del NEA (Noreste, Misiones y Formosa, aunque por
clasificación en el Regional todos fueron
de la URNE) se lo llamo Centro Ampliado. Y este
año dándole mas competencia a los
clubes de otras regiones se incorporaron los clubes
de Cuyo (Mendoza y San Juan), por lo que fue rebautizado
como Torneo de las IV Regiones.
Todo gracias a las gestiones de los dirigentes de
los clubes y la predisposición de los directivos
de la UAR, tanto de Desarrollo como de Competencias
que le dieron otro torneo nacional a mas clubes
del interior.
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