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Este artículo es un clásico dentro del rugby
argentino y consideramos que es de total actualidad para los encargados
de equipos y para todos aquellos que deseen iniciarse en esta
actividad.
Escrito
por Carlos “Veco” Villegas
Carlos
Villegas estableció tres principios fundamentales a partir
de los cuales comenzar a construir este deporte. En tal sentido
siempre sostuvo que el rugby …”Es un medio para Divertir,
Relacionar, y además, Educar”… Basado en estos
tres pricipios el Veco desarrolló los lineamientos teóricos
de esta exposición.
Considerando
que este artículo va dirigido, fundamentalmente, a los
encargados de equipos, nada mejor entonces, que comenzar ante
todo por los principios históricos y filosóficos
de nuestro deporte.
William Webb Ellis
Según
la historia escrita el juego del rugby nació, cuando William
Webb Ellis (dibujo), haciendo caso omiso de las reglas del Foot-Ball
de entonces, tomó la pelota con, las manos y empezó
a correr con ella en el Colegio de la Ciudad de Rugby, en Inglaterra.
En realidad el juego nació muchísimo tiempo antes
y se fue transformando de una determinada manera hasta llegar
al rugby actual en que, sin temor a equivocarnos, podemos asegurar
que es el juego más equilibrado, más balanceado
y más perfecto que existe para el hombre.
Es
así que en este juego los principios éticos, filosóficos,
técnicos y tácticos están permanentemente
entrelazados para configurar un deporte absolutamente único.
Pretender enseñar el rugby partiendo de bases exclusivamente
técnicas o tácticas puede llevar a un error fundamental
y pretender enseñarlo únicamente basado en sus tradicionales
principios filosóficos que conforman el espíritu
del juego puede llevar también a un error, puesto que no
se logra así materializar cosas que si se pueden conseguir
a través del juego. Es por ello esta introducción
referida á los principios fundamentales del juego; principios
que nosotros, como encargados de transmitirlos a los jugadores,
nunca debemos perder de vista para bien y gloria del rugby amateur.
Luego como aplicación práctica de esos principios
fundamentales, aparecen principios tétricos que nos ayudan
justamente al desarrollo de lo que uno pretende de nuestro juego
dentro y fuera de una cancha.
Nunca
olvidemos que los entrenadores y colaboradores de equipos somos
los que estamos en mayor contacto con los jugadores y no los dirigentes,
ni los referees, o sea que nosotros somos los primeros responsables
de mantener el espíritu y las tradiciones del juego.
En
rugby, los encargados de los equipos no deben buscar excusas ante
fallos de los referees, o por caso, decisiones de dirigentes en
comisiones de disciplina.
Nosotros
tenemos que asumir la responsabilidad de que el juego sea transmitido
de generación en generación, como ha venido ocurriendo
hasta ahora; somos los que tenemos que aceptar dejar de lado los
pequeños gustos, deseos u opiniones personales en aras
de la defensa del rugby de sus principios y de sus tradiciones
y no temer que el desarrollo técnico del juego, el progreso
táctico, la mayor preparación puedan afectar a esos
principios básicos y fundamentalmente del juego si realmente
han sido entendidos por nosotros y luego transmitidos correctamente
a los jugadores en la cancha, en el tercer tiempo y prácticamente
en todas las oportunidades que tomemos contacto con ellos, aun
fuera del club.
Hay
muchas formas de enfocar la parte fundamental y filosófica
del juego. Hay muchas formas de enunciar los principios fundamentales
y todas han sido utilizadas exitosamente a lo largo de la vida
del rugby. A mí se me ocurrió condensarla en una
sola frase que dice: El rugby es un medio y no un fin en sí
mismo… e inmediatamente surge la pregunta: ¿un medio
para qué? y también allí uno puede contestar
de muchas maneras distintas, pero apuntando a tres cosas básicas:
Un
medio para educar
Un medio para relacionar
Un medio para divertir
Un medio para educar: porque desgraciado aquel deporte que no
deja algo trascendental en la vida de quien lo practique. Se ha
dicho y con razón que un deporte vale por la educación
que deja en aquel que lo practica, y el rugby lo hace, porque
las características propias del juego - que son principalmente
de adversidad - enseñan a quien lo practica, bien orientado
a entrenar y vencer la adversidad.
No
es cierto aquello de que los hombres no tenemos miedo; no es extraño
tenerlo, pero lo interesante es aprender a vencerlo y el rugby
justamente da la oportunidad de vencer el temor. Por que educa
el rugby?
Primero
por lo que acabo de decir, segundo porque en el se hace un culto
del juego en equipo, entonces uno aprende a vivir en función
de los demás, uno aprende a sentir mas placer en dar que
en recibir, uno aprende a sacrificarse aun a riesgo de su propio
físico - por el interés máximo que existe
en la cancha que es el equipo.
¿Por
que educa el rugby?… Porque fue el primer y casi único
deporte que descubrió una verdad muy importante que dice
que al Rugby (como sería cualquier otro deporte), no se
puede jugar sin adversarios. Uno puede concebir el rugby sin Unión,
sin dirigentes, sin entrenadores, sin periodismo, sin público
y aún sin referee. En cambio, no se puede concebir el juego
de rugby sin adversarios… y surge entonces como consecuencia
natural de esa verdad la tradicional reunión de los equipos
luego del partido que en la Argentina se llama felizmente Tercer
Tiempo y es la manera de agradecerse unos a otros la oportunidad
que tuvieron de disfrutar del juego dentro de la cancha. El rugby
educa porque en un mundo materialista, muy difícil es desenvolverse
sin tener que caer en ventajitas personales, permanentemente le
está marcando al jugador que por más bueno y brillante
que sea, no podrá hacer nada sin la ayuda de su equipo
y le enseña, además, que en el rugby que queremos
y debemos defender, vale más el hombre que el jugador.
El
rugby no fomenta ni fomentó nunca jugadores que pateen
bien, que pasen bien o que formen bien un scrum, sino que fomentó
siempre hombres de bien que trabajen, estudien y que, como complemento
de su actividad principal, traten de patear bien, traten de pasar
bien y traten de entrar bien a un scrum volante. El rugby siempre
se enorgulleció de tener grandes hombres y siempre destacó,
junto a la condición natural del jugador de hacer las cosas
bien dentro de una cancha, la actividad privada de ese jugador.
Puso de ejemplo a grandes jugadores que se han destacado en la
cancha y que también han producido cosas realmente importantes
para su país, la sociedad, la familia, etc.
El
rugby nunca quiso ser la meta final del que lo jugaba sino el
medio mediante el cual el hombre, al mismo tiempo que mejoraba
su físico y su mente, mejoraba espiritualmente.
El
rugby vive una de sus más grandes batallas, que es la del
propio juego con sus principios y tradiciones contra la presión
del medio ambiente exterior a través de gente que trata
de sacar ventajas comerciales de este juego; y de esta batalla,
el rugby emerge como verdadero deporte amateur, emerge triunfante
gracias a gente que durante muchas generaciones ha inyectado el
principio de que el rugby es un medio y no un fin.
También
decimos que el Rugby es un medio para relacionar y, justamente,
el hecho de que no se pueda jugar al Rugby sin adversarios y que
con ese adversario hay un pacto de caballeros de jugar lo más
duro posible dentro de la cancha, puesto que cuanto más
duro el juego mejor juego es, establece entre quienes deciden
vivir esta vida apasionante del Rugby amateur una relación
que no se borra fácilmente.
El
rugbier se jacta que son muchísimas más las amistades
y las relaciones, que los enconos que pueda provocar.
El
jugador de rugby que encuentra en un adversario ocasional a un
hombre duro y honesto en la cancha, luego del partido valora en
ese oponente a un amigo para toda la vida y viceversa. El rugby
fomenta las relaciones, amistades y uniones más fuertes.
Y si no, piensen en la cantidad de gente que han conocido y que
no han ido al colegio con ustedes, ni pertenecen al mismo tipo
de trabajo, ni la ven tan seguido como a otros y que, sin embargo,
encuentran con ellos una afinidad muy difícil de definir
y que viene dada porque el otro es un rugbier como ustedes, indudablemente,
un medio para relacionar, un medio para vincular gentes, pueblos
y sociedades aparentemente muy distintos pero cuando encuentran
el punto común que se llama juego de rugby todas esas diferencias
se allanan con muchísima facilidad.
El
juego de rugby es para relacionar y debemos tener presenté
eso para ver al oponente justamente como un adversario y no como
un enemigo. Ello no quiere decir que no fomentemos el rugby bien
enseñado, que es el tratamiento muy duro y leal del oponente
o del adversario en la cancha, pero también demos el ejemplo
de que hemos podido disfrutar de ese partido y de esa tarde de
rugby o de esa gira gracias a esos adversarios y extendamos nuestra
relación más allá de la del juego mismo,
a la vida de cada uno de nosotros.
Pero
una de las cosas más grandes que tiene el rugby es que
tiene tradición que se respetan las jerarquías y
los cargos, los capitanes y los dirigentes de años y las
personas con galones. El rugby, detrás de todo eso, se
toma con cierta -diríamos- diversión, con cierta
ligereza, sin ceño fruncido, sin solemnidad militar. En
el rugby aun en los estratos más altos, siempre hay lugar
para la broma, para la diversión, porque fundamentalmente,
dentro y fuera de la cancha el rugby es para divertirse.
Entonces
el rugby es un equilibrio perfecto y así un hombre que
entra de lleno en la vida del rugby amateur se educa, mejora como
individuo, se relaciona y conoce gente de distintas partes, da
y recibe de otro, y al mismo tiempo, haciendo estas dos cosas
muy importantes se divierte. Es un hombre que disfruta porque
el rugby es juego y debe seguir siendo juego y no trabajo.
De
nada vale un coach o un jugador o un dirigente que conozca
mucho de técnicas, tácticas o de organización,
si no está imbuido de los principios básicos
que han hecho de este noble juego amateur, una base para
una manera de vivir que debemos mantener para nuestros hijos.
Nota:
el Ingeniero Carlos “Veco” Villegas (1945-1989),
jugó en Liceo Militar y fue entrenador del plantel
superior de esta institución y del San Isidro Club.
También fue entrenador de Los Pumas entre 1974 y
1977. Los artículos presentados por DIAS DE RUGBY
fueron escritos por él durante la década del
‘80.
Más Notas escritas por el Veco:
El
Rugby de Mayores
Felipe
Contempomi: Un premio, una emoción
Amateurismo
o Profesionalismo
Técnicas
y tácticas
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